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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 5 / 9

Dobles

Dama sin rostro · Luis Aníbal Nez

Marie permanece inmóvil frente a la cabaña.

La lluvia golpea con fuerza la terraza y el techo, pero la construcción parece ajena al temporal. El farol del porche continúa encendido. Su luz amarillenta ilumina la entrada, la camioneta y parte de la madera húmeda.

Marie observa el vehículo.

Es idéntico al que Joseph ha llevado hasta la cabaña. Si aquella es la misma propiedad, entonces Joseph ha regresado. Pero si se encuentra en el lado opuesto del arroyo, no sabe cómo es posible que todo se repita con semejante exactitud.

No se atreve a entrar.

La cabaña le resulta familiar y, al mismo tiempo, extraña. La posibilidad de abrir la puerta y encontrarse con alguien en el interior le provoca un miedo que no consigue dominar.

Decide mirar por una ventana.

Rodea la construcción con cautela, agachándose para protegerse de la lluvia. Llega hasta una ventana que da a la cocina y se detiene debajo de ella. Al principio no escucha nada. Después, entre el ruido del agua y el viento, distingue voces.

Son dos personas discutiendo.

Marie reconoce una de ellas.

Se acerca un poco más. Las palabras todavía resultan incomprensibles, pero el tono le produce una inquietud inmediata. La segunda voz también le parece familiar.

Apoya la espalda contra la pared y permanece quieta, tratando de escuchar. La discusión se vuelve más intensa. Una de las voces grita. La otra responde con una furia contenida que pronto se transforma en insultos.

Marie siente que el corazón comienza a latirle con violencia.

No puede explicar por qué, pero tiene la certeza de que conoce a las dos personas que se encuentran dentro.

Se incorpora lentamente y asoma la cabeza por encima del borde inferior de la ventana.

Lo que ve la deja inmóvil.

Dentro de la cocina hay un hombre de espaldas a ella que lleva puesta la misma camisa que llevaba Joseph antes de irse. Frente a dicho hombre hay una mujer que lleva puesto el mismo vestido que ella tenía puesto hace un par de días.

Azorada, Marie intenta explicarse que no son el mismo Joseph y la misma Marie de la otra cabaña.

Intenta comprobar si el rostro de esa mujer es el mismo que ella suele ver en el espejo por las mañanas. Lo ve moverse al otro lado del vidrio, empañado por dentro y empapado por la lluvia, pero no logra distinguirlo con claridad.

Su doble está frente a Joseph, alterada, con el cabello desordenado y una expresión que ella nunca se ha visto a sí misma. El otro Joseph retrocede mientras intenta responderle.

Marie no logra escuchar lo que dicen. El vidrio, empañado por dentro y cubierto de agua por fuera, la lluvia y el impacto de la visión convierten las palabras en sonidos distantes. Solo percibe los gritos, los movimientos bruscos y la violencia creciente de la escena.

Su doble golpea a Joseph.

Primero una vez.

Luego otra.

El hombre intenta protegerse, pero ella continúa atacándolo con los puños y lanzándole insultos que Marie no consigue distinguir.

Marie se lleva una mano a la boca. No puede apartarse.

La mujer que está dentro de la cabaña tiene sus mismas manos y su misma estatura. Quizá también tiene su mismo rostro, aunque esto último Marie no puede confirmarlo. Sin embargo, parece dominada por una furia que le resulta desconocida.

Hay algo en sus gestos que la aterroriza más que la agresión misma: una determinación fría, como si hubiera dejado de ver a Joseph como una persona.

El otro Joseph cae contra uno de los muebles.

Su doble se detiene durante un instante. Respira agitadamente y mira alrededor de la cocina.

Entonces ve un cuchillo.

Lo toma.

Marie comprende lo que va a suceder antes de que ocurra.

Su doble se acerca a Joseph, que todavía intenta incorporarse. Él levanta una mano y parece decir algo. La mujer no responde.

Le clava el cuchillo en el pecho una vez, luego otra y después una tercera.

El otro Joseph se desploma en el suelo.

Marie retrocede, pero sus piernas no responden. Continúa mirando a través de la ventana mientras la sangre comienza a extenderse sobre la ropa del hombre.

Su doble permanece de pie junto al cuerpo.

El cuchillo cuelga de su mano.

Marie siente náuseas. Se aparta de la ventana y cae de rodillas sobre el barro. El agua le golpea el rostro, pero apenas la percibe.

Durante unos segundos no consigue pensar.

La imagen se le repite una y otra vez: el cuchillo descendiendo, el cuerpo de Joseph cayendo, la expresión que su propio rostro debe de haber mostrado durante el ataque, aunque no haya podido verla realmente.

Marie cierra los ojos.

—No puede ser.

La frase apenas se escucha bajo la tormenta.

Tal vez está soñando. Quizá la falta de aire que sufrió al cruzar el puente le ha provocado una alucinación. A lo mejor, la lluvia, el cansancio y el miedo han deformado todo lo que observa.

Pero la escena ha sido demasiado concreta para ser una simple alucinación.

Marie vuelve a mirar hacia la ventana.

La cocina está vacía.

No ve a su doble ni al cuerpo de Joseph. Solo distingue las luces encendidas, los muebles y una mancha oscura que se extiende sobre el suelo.

Una nueva posibilidad se abre paso en su mente.

Quizá no está viendo una realidad paralela. Quizá está viendo un momento que todavía no ha ocurrido.

La idea la paraliza.

Marie se incorpora con dificultad. El barro se desprende de sus rodillas y la lluvia le escurre por el rostro. Mira hacia el puente, apenas visible entre la cortina de agua.

Tiene que regresar.

No importa lo que haya visto. No importa si es una pesadilla o una advertencia. Debe volver antes de que Joseph regrese a la cabaña.

Marie comienza a correr cuesta abajo.

Tropieza al poco tiempo y cae de frente sobre el barro. El golpe le lastima las manos y el pecho, pero no se detiene. Se pone de pie y continúa descendiendo a través de la lluvia.

Varias veces vuelve a caer.

El dolor llega hasta su cuerpo, aunque permanece relegado detrás del terror. Solo puede pensar en Joseph, en Sunny y en la cabaña donde ha dejado su vida.

Cuando por fin alcanza el puente, se detiene.

La estructura de piedra se extiende delante de ella. Al otro lado no llueve, y el paisaje parece envuelto en una claridad extraña.

Marie recuerda lo que sintió al cruzarlo.

Recuerda el viento sin movimiento, el frío y la falta de oxígeno.

Durante un instante piensa en detenerse. Luego mira hacia atrás. La colina, la cabaña y el farol han quedado ocultos entre la tormenta.

Marie corre hacia el puente.