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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 5 / 5

¿Felicidad?

Residentes de Rdrilveria · Luis Aníbal Nez

U’Prot despertó con una bocanada de aire que le desgarró la garganta.

Durante varios segundos no supo dónde estaba. Se palpó el pecho, el vientre, el rostro. No encontró ampollas ni carne quemada. Tampoco sangre. Sólo sudor. La luz de Küny entraba por la balconada y convertía la habitación en el mismo refugio apacible que recordaba haber habitado desde siempre.

Había soñado con una mujer. Había bebido de sus manos. Había muerto.

O eso creyó.

Se incorporó con las piernas temblorosas, se lavó en la fuente y salió a las veredas de Rdrilveria. La ciudadela lo recibió intacta: zigurats, jardines, adoquines, residentes sonrientes. Todo ocupaba su sitio con una perfección que, por primera vez, le pareció obscena.

Un hombre flotaba sobre la multitud, agitando brazos y piernas para mantenerse en el aire.

—¡Holi, holi, holis! —saludó M’Krach.

U’Prot alzó la vista. Algo en aquella voz le produjo una punzada detrás de los ojos.

—Buenos días.

—¡Qué rostro, amigo! Pareces haber muerto esta noche.

M’Krach soltó una carcajada. U’Prot no.

—He tenido un sueño.

La sonrisa del otro vaciló.

—Los sueños son sueños. Aquí somos felices.

U’Prot continuó mirándolo.

—¿Siempre?

M’Krach dejó de mover los brazos por un instante y perdió altura. Se recompuso enseguida.

—Siempre.

U’Prot dio un paso para marcharse.

—Mucha suerte con V’Vota, T’Prot.

Se detuvo.

El ruido de la ciudad pareció apagarse a su alrededor.

—¿Cómo me has llamado?

M’Krach ya no sonreía.

—He dicho U’Prot.

—No.

Los residentes más próximos habían dejado de caminar. Uno tras otro, como si una misma orden silenciosa hubiese atravesado la ciudadela, volvieron el rostro hacia él.

—Me has llamado T’Prot.

M’Krach abrió la boca, pero no llegó a responder. Chispas azuladas recorrieron su cuerpo. Su figura se deshizo desde los bordes, convertida en un humo luminoso que desapareció en un aire sin viento.

U’Prot retrocedió.

Entonces recordó.

No una vida. Muchas.

Recordó a V’Vota. Recordó a Augusta. Recordó el Termotrilitrón. Recordó ciudades que se alzaban y desaparecían, siglos que se plegaban sobre sí mismos, cuerpos que llevaban nombres distintos y el mismo dolor esperando al final. Recordó a los residentes celebrando. Recordó haber amado a una mujer tantas veces que el amor había terminado por convertirse en el instrumento de su condena.

A su alrededor, Rdrilveria sonreía.

U’Prot comprendió por fin que aquella ciudad no había vencido a la muerte.

La había domesticado.

Y comprendió algo peor: la eternidad no era la recompensa prometida a sus residentes.

Era la jaula.

En algún lugar de Rdrilveria, una mujer que todavía no sabía que se llamaría V’Vota, Augusta o de cualquier otra forma levantó la cabeza, como si acabara de recordar a un hombre al que aún no conocía.

Y el ciclo volvió a comenzar.

FIN

La historia termina aquí. La conversación no tiene por qué hacerlo.

¿Qué te dejó esta historia?

¿Crees que el amor de T’Prot y V’Vota puede romper el ciclo o es precisamente lo que mantiene funcionando la jaula?

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