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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 22 / 22

Epílogo

¿Quién es Brittany Condon? · Luis Aníbal Nez

Ilustración del capítulo 22: Epílogo

Días después, tras haber visto poco o nada a Eva y a su pareja que parecen ser bastante inquietos, poco presentes en casa, El Horgas despierta. No sabe qué hora es ni tampoco le interesa. Está en la hamaca que cuelga del porche en el fondo de la cabaña, un porche ubicado a cinco pasos de arena blanca de la playa y a su vez, a diez o quince pasos del agua más verde y pura que jamás haya visto ni imaginado en su vida. Despierta, pero no se levanta. Hace rato cree haber escuchado risas de Eva con complicidad de su esposo. No quiso abrir los ojos, sólo volvería a ver esos besuqueos que lo angustian. Opta por quedarse allí con un leve movimiento pendular.

Una tenue brisa cálida apenas empuja a la hamaca, lo suficiente para mantenerlo sereno. Aspira profundamente una bocanada de aire marino que invade sus pulmones. Siente cierta paz olvidada. Justo entonces, de pronto, oye uno, dos, tres pasos sobre el sonoro piso de madera del porche. Él se alarma, se sobresalta, intenta salir rápido de la hamaca, en cambio se enreda, gira y cae aparatosamente sobre el suelo. El golpe que genera en las tablas suena más de lo que duele, no se ha hecho daño más que en su orgullo. Escucha que alguien se ríe de él con risitas femeninas muy particulares. Poco a poco, El Horgas levanta la mirada desde el suelo.

Ve un par de delicados pies descalzos con uñas pintadas de rojo. Sube la mirada por piernas fuertes pero delgadas, acaban en un blanco pantalón corto de jean. Sigue hacia arriba, ve una camiseta corta de color blanco que no cubre el ombligo. Cuando llega al rostro ve a una chica joven, muy sonriente y simpática, de labios pequeños pero gruesos, ojos grandes de color café y cabello oscuro sujetado en una coleta alta. Las risas de ella no le incomodan, incluso podría decirse que lo contagian. El Horgas se incorpora, quedan uno delante del otro a unos tres pasos cortos de distancia.

—Hola, estoy aquí desde hace unos días. Es la casa de Br… de Eva y su pareja. Viven al lado. ¿La buscas a ella? —sus palabras hacen reír aún más a la chica. Hasta que no deja de reír, la jovencita no le puede dirigir la palabra.

—¡Soy yo tonto! ¿Ya no me recuerdas? Que mal, muy mal habla eso de ti —se burla ella muy sonriente.

—Perdona, yo no sé quién eres. ¿Nos conocemos?

—María Alba Machado, encantada, señor Freeman —al verla mejor por un instante, El Horgas nota que la recuerda muy bien. Se le genera una amplia sonrisa

—¿Pioja? ¿Eres tú? ¿La hermanita pequeña de Britania? ¿La piojita que saltaba a nuestro costado todo el tiempo?

—¡Hey! Nada de eso de pioja, ¿eh? —bromea ella.

—¡Que alegría verte! —le dice él con sincera sorpresa.

—Mi hermana me trajo a vivir con ella. Le di algunos problemas a mamá. No estuve muy convencida al principio, pero ya sabes cómo es mi hermana…

—Sí, puede ser muy insistente. Llámala Eva o se enoja.

—Uf, sí, que insoportable —ambos ríen en complicidad.

—Pues creo que hizo lo que creyó mejor para ti.

—Y también para ti —él reflexiona por un instante.

—Supongo que sí —el silencio no dura mucho tiempo.

—Oye, Dave, no tengo amigos ni a nadie aquí. Mi hermana está todo el tiempo con su… ya sabes.

—Sí, lo sé.

—¿Quieres ir a la playa conmigo? Aún no he disfrutado de ese mar que luce tan maravilloso. Mira cuanta belleza.

—Claro, ¿por qué no? —responde él sin pensarlo.

—Vuelvo en media hora, me cambio y regreso. ¿Sí?

—Claro, media hora, sí. Me parece bien, genial.

—Perfecto, vuelvo en un rato. ¡Hasta luego!

—¡Adiós! —ella se despide agitando las manos y se va.

El Horgas pasa la yema del pulgar por la zona de su brazo donde antes estaba el tatuaje donde rezaba su actual mote que lo rebautiza; reflexiona. En su rostro después de incontable tiempo hay una sonrisa, la tantea. Observa la playa, el aroma le sabe más delicioso, el paisaje le resulta más bello, la sonrisa no se le borra, las tristezas quedan atrás. Cierra los ojos, aspira una honda bocanada de aire exquisito. Confirma que ya no quiere, como antes, que acabe este sueño o supuesta pesadilla. Decide no pensar más en eso, quiere disfrutar. Para eso, es consciente que ya no debe preguntarse día tras día quién es Brittany Condon.

FIN

La historia termina aquí. La conversación no tiene por qué hacerlo.

¿Qué te dejó esta historia?

Después de todo lo que revela la novela, ¿quién crees que es realmente Brittany Condon?

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