Una gaviota que busca alimento entre tanta basura, es el único ser viviente que atestigua lo ocurrido a Rob en Los Desperdicios. Indiferente a esto, sin embargo y ante la falta de comida la gaviota emprende vuelo, se aleja de ese río con olor fétido.
Esa tarde resulta ser una de las más tormentosas de los últimos meses, las lluvias más copiosas. Aun así, la gaviota se aleja con sus alas de libertad. Huye de Los Desperdicios, rebasa ese gran muro que mantiene aislada la zona, sin que sensores de las ametralladoras la detecten al volar muy alto. Se dirige hacia Stormport. Cerca del atardecer de esa misma tarde, el Sol vuelve a brillar con fuerza inusitada. La gaviota llega a Baybeach, surca los cielos de Stormport con algo de agotamiento. Allí la gente vive un día normal más. La vacuna ha sido suministrada masivamente entre la población. No quedan rastros de virus, aunque este lo ha cambiado todo.
Como recompensa por tanta pérdida sufrida, material y sentimental, el ayuntamiento organiza desde hace semanas una fiesta para residentes locales y visitantes ocasionales. Dicha organización ha sido lograda en tiempo récord, para que todos disfruten del nuevo mega recital de la superestrella Brittany Condon. Para recuperar confianza de los habitantes, esta vez se tomó como escenario el Storm NRG Stadium. Los organizadores armaron en medio de la cancha un escenario rotatorio. Además, ubicaron estratégicamente cien proyectores holográficos para que interactúen con la artista.
El Storm NRG Stadium de a poco se oscurece al atardecer y al mismo tiempo, se ilumina de forma muy colorida. Se acerca el esperado instante del recital. Atrás parecen haber quedado los gritos y estampidas humanas del recital anterior en una calle de Baybeach, los embates contra la policía, el miedo, los destrozos multitudinarios, el contagio y muerte pisando los talones. El cambio de escenario es un acierto estratégico rutilante. Más de sesenta mil personas se agolpan a entradas diferentes del enorme estadio. La noche se acerca, los focos se encienden con potencia colorida. Se proyecta la imagen holográfica de una Brittany que baila muy sexy sobre el techo del estadio. Dicha imagen es tan nítida y grande que puede verse a la perfección incluso a millas de distancia.
Dentro del gran edificio, la gente se termina de acomodar en butacas alrededor del escenario circular. De pronto, las luces se apagan por completo, todo queda a oscuras. Al inicio parece haber un apagón, la gente se inquieta, inician rumores de rebrotes de la pandemia. El miedo deviene en millares de murmullos. En medio de eso, un foco muy blanco y potente cambia cíclicamente su color con tonalidades diversas, para iluminar a la joven estática que apenas se ve desde asientos más lejanos. Desde el centro del escenario circular, el cual muestra un lento giro en sentido antihorario, se proyecta hacia arriba una enorme holografía, la cual refleja su nítida imagen tal cual se vería si se estuviese a su lado. La joven está con cabeza gacha, ojos cerrados, no mueve ni una ceja.
La gente está muy expectante, ansiosa a lo que ocurrirá, tanto familias que concurren al espectáculo como también grupos de amigos. Por fin, la voz de ella comienza a sonar.
—Ante el candor de las llamas, bajo pétalos que caen, la primavera nos llama, devuelve la vida que la muerte nos trae —recita Brittany sin mover nada más que sus labios para decir estas palabras, aún agachada en el suelo giratorio.
Dicho esto, la joven levanta la cabeza, vuelve a ostentar la sonrisa dulce, bella y ojos color esmeralda que derriten tanto a comensales como a televidentes de todo Stormport. Queda completamente de pie. El suelo del escenario gira con lentitud sin que ella se mueva en lo absoluto. La gente, feliz, admira su postura tras largas semanas de confinamiento a causa de la pandemia. La observan directamente allá abajo o en la muy nítida proyección holográfica en tres dimensiones encima de ella. Tras un instante que parece ser muy largo, su voz suena de nuevo.
—En el polvo yacen los nuestros, los recordamos con alegría. Para ellos hoy en este día, todo nuestro amor les damos —al igual que en la primera intervención, la ovación se presenta luego de que Brittany habla.
En esta segunda ocasión la gente puede ver mejor los labios de ella al recitar, su voz suena inconfundible, perfecta. Calza botas cortas de color negro, las cuales relucen con lustre de charol. Del mismo color son las largas medias que le llegan hasta la mitad de delgados muslos. Desde allí, hasta la cadera viste un apretado pantalón corto, cuadriculado como tablero de ajedrez. Su torso está apenas cubierto por un atrevido sujetador que se trasluce según cómo se ilumine. Su largo cabello, que ha tenido todos los colores conocidos por el ser humano, es ahora rubio con mechones rosa. Está peinado hacia ambos lados con coletas laterales dobles. Sus labios pintados de rojo, contrastan con ojos delineados por un color negro muy resaltante.
—La pandemia ha acabado, despégate del sillón, es tiempo de bailar a mi lado, ven, canta con Brittany Condon.
Incluso antes de manifestarse una nueva algarabía de la gente, la música estalla muy fuerte en el Storm NRG Stadium. Los comensales acompañan. Brittany comienza a bailar con música que golpea como martillo. Segundos después, estelas de luces doradas llueven a izquierda y derecha de ella, bajo las cuales, una chica y un chico se materializan. Bailan con pasos idénticos a los de Brittany. El escenario giratorio no deja de virar. Del mismo modo, se le suma a la artista otra pareja de bailarines, luego otra y otra, así hasta formar al menos una treintena de jóvenes holográficos que bailan con ella delante de todos.
La gente estalla de felicidad. Despegan el trasero del asiento, cuando melodías eléctricas advierten el arribo de una canción muy conocida por todos, muy popular. Brittany se aparta del cuerpo de baile, canta con gran efusividad. Emocionada, la gente la acompaña con fervor desbordante desde tribunas y nivel de cancha. La enorme holografía que se proyecta decenas de pies encima de su cabeza, muestra claramente la satisfacción de la artista por mostrar lo mejor que sabe hacer sobre un escenario, ante un estadio repleto de público. No decepciona. Tonadas y letras de su canción son cantadas al unísono por cientos de miles de personas.
También fuera del estadio se disfruta de su performance. La segunda holografía, aún más grande que la otra, despliega por encima del estadio los mismos detalles tridimensionales, nítidos, que la joven genera con su canto y baile. Es así como hace bailar a personas que se encuentran a lo largo y ancho de Stormport, calles, avenidas, bulevares, casas y edificios. Su talento alcanza incluso al recordado Destiny Building. Allí, por fortuna para muchos propietarios de la zona, ya no se encuentran las variadas inmundicias relacionadas con el edificio. Ha sido demolido, reducido a polvo. En su lugar, hay grúas de construcción para erigir el nuevo hotel de lujo que se establecerá en la zona. La bella panorámica nocturna de Baybeach, inmortalizada por cámaras de automatizados drones, es interrumpida de golpe por directores de cámaras.
En lugar de los hermosos paisajes, queda el sonriente rostro de un presentador de TV. Éste muestra una expresión de falsa preocupación, rodeada a su vez por luces de neón y bailarinas que tienen poca tela para cubrir sus cuerpos.
—Hola, ehm, ¿qué les parece esta muestra del recital de ayer por la noche? —susurra Ricky a la cámara, como si dijera un secreto a alguien al oído—. ¡Ha vuelto queridos madrugadores! ¡Brittany Condon volvió! ¡Lo muestro en…!
—¡Faranduleando es super genial! —cantan las chicas del cuerpo de danza que bailan detrás de él.
—¡Sííí! —grita él desaforado—. Faranduleando es súper genial. Luego de tantos, tantos, pero tantos rumores, te acabo de mostrar que nuestra artista más amada ha regresado a la tierra de los vivos para hacer de las suyas. ¿No la han visto con una energía y una potencia como nunca se le vio antes? Escríbanme a mi cuenta, díganme si están de acuerdo. Ah, no quiero olvidar decirles: El recital entero pueden vivirlo o revivirlo todas las veces que quieran si se suscriben a UHR Channel Showtime. Tengo preparada allí para vosotros una presentación muy especial en la previa del impresionante recital, queridos madrugadores, en la cual les cuento lo que ella… —La pantalla que muestra a Ricky y sus estridentes palabras agudas, de pronto desaparece por completo.
En el lugar donde antes estaba proyectada la imagen, ahora hay un cúmulo de medias sucias para lavar. Con el mando a distancia en la mano, Aquilino se queda por un instante algo dubitativo tras apagar la pantalla holográfica. Se encuentra recuperado por completo del tratamiento al que fue sometido en BioGenLife. Está plácidamente recostado sobre la cama de su dormitorio, en su hogar. Es de mañana temprano, el Sol apenas despunta en el horizonte. Stormport, poco a poco despierta con su acostumbrado movimiento vertiginoso y estresante. Algo espabilado, Aquilino siente alivio de haber apagado la irritante voz del conductor.
—Tenías razón, Britania, debo dejar de ver basura. Ya eres libre de esa tormenta de mentiras. Que en paz descanses, querida mía.
Deja a un lado sobre la cama el mando a distancia. Recién despabilado se reacomoda. Ya no verá esto por las mañanas, ni le dará relevancia alguna. Se quita frazadas de encima. Al descubierto queda entonces un cuerpo arrugado, flácido, pero sano, sin las cicatrices resultantes que hubiera tenido sin tratamiento tras el accidente. Se mueve mucho, despierta involuntariamente con sus movimientos a una adormecida cachorrita muy pequeña. Es marrón en casi todo su cuerpito, a excepción de las patas delanteras que parecen enfundadas en divertidos guantes de color blanco. Da una perezosa lamida en la mano a su amo al despertar. Él la toma en brazos, la arropa y llena de besos.
—Disculpa, Tita. ¿Te desperté? —la arropa con frazadas.
Es su segunda oportunidad, no la piensa desperdiciar.
Luis Aníbal Nez