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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 9 / 22

Noticias desinformadas

¿Quién es Brittany Condon? · Luis Aníbal Nez

Ilustración del capítulo 9: Noticias desinformadas

Supone Rob que la noche anterior debió estallar la fiesta en Baybeach. No se equivoca, aunque desconoce como acabó todo eso. Le habría gustado formar parte de semejante fiesta, pero tales eventos no son para gente como él. Es consciente de que esclavos promedio como él, no poseen economía que sustente juergas de ese nivel. Ni siquiera podría costearse el tren de ida y vuelta con peaje incluido. Su miserable salario de cuatrocientos setenta y siete eCoins, apenas alcanza para estar vivo. Trescientos treinta es el precio que paga por la pieza monoambiental que habita junto a la Suricata. No le sobra nada a fin de mes, más bien le falta.

Un costo de cien eCoins estipulado para eventos como ese, es inadmisible para su asfixiante economía. Consideró ir, aun así. Bien sabe Rob que una vez dentro del perímetro establecido por el evento, los precios de comidas o tragos cuestan en Baybeach tres o cuatro veces su verdadero valor. Es probable que gastase en una sola noche su salario entero. Consciente de esos lujos inalcanzables, resopla Rob de resignación. Presiona un luminoso botón verde, sin relieve, disponible sobre la mesa. Enseguida se proyecta ante él una nítida pantalla holográfica desde la superficie símil madera. Toquetea la holografía con los dedos de una mano, abre un periódico, examina noticias diversas. Realmente desea ver videos, crónicas acerca del megarecital de Brittany Condon.

Se reacomoda en la incómoda banqueta, se echa hacia atrás, apoya la espalda en la pared manchada por su sudor, atrae la imagen holográfica un poco más hacia él y pasa páginas virtuales en busca de algo que hable de Brittany. Muchas imágenes y textos inquietos invaden sus ojos de huevo duro. Supone que el periódico local posee derechos de difusión sobre cualquier noticia relacionada con el recital. Supone mal. Sólo UHR Channel posee derechos exclusivos de imagen de Brittany Condon, canal cuyos excesivos costos Rob jamás podrá costear. Enciende un tabaco que tiene en el bolsillo izquierdo de la camisa. Tiene otro par disponible detrás de cada oreja. Revuelve páginas holográficas, maldice al no poder ver lo que desea, agrava su habitual malhumor.

Ya no pierde el tiempo, no sueña con imposibles. Tiene demasiada edad para no haber logrado nada de lo que ha soñado. Está decidido a dejar atrás las décadas de angustia, desidia, sacrificio, hostigamiento, sangre y muerte. Además, quiere dejar atrás las utopías que jamás cumplirá, por algo son utopías. Se resigna con su simple vida de mierda a la que considera por momentos tortuosa. Intenta disfrutarla de un modo sencillo, como tantos otros desgraciados que como él viven en Los Condominios, algunos de los cuales son sus vecinos o amigos. Su único consuelo en el mundo ante tantas desgracias, es saber todo lo que hace Brittany Condon.

Ha soñado con ella desde que tiene memoria. Una noche, estando en prisión, soñó que cumplía condena, era liberado y una vez fuera del establecimiento carcelario Brittany lo recibía en su coche de lujo. En su sueño se iban juntos en el descapotable color fucsia, felices. Recuerda madrugadas en las que imaginó su perfume, el natural, el de la piel. A veces, incluso sentía que podía verla o hablar con ella en diversos sitios. Evitaba imaginar que la tocaba, abrazaba o besaba. Frenaba el impulso de su mente, quería reservar instantes para cuando fuesen reales y tangibles. Siempre tuvo ganas de escribirle a su cuenta oficial. También evitó hacer esto. Prefería que ella pudiera conocerlo en persona, no a través de letras eléctricas en una gélida pantalla holográfica.

Contenía el deseo de escuchar su voz en videos liberados gratuitamente al público, al menos la mayoría de las veces. En esto también se contenía, aunque a veces no aguantaba. Cada noche antes de dormir le dedicaba su pensamiento más cálido; fue su amada desde entonces, aún lo es. Lo acompañó en prisión durante largos años. Pese a sus circunstancias tan diversas nunca dejó de amarla y desearla. Resignado por su situación, es consciente de que jamás la conocerá en persona, nunca la verá directo a los ojos, ni sentirá el perfume de su piel desde cerca; ni mucho menos la besará. Aterrizar en tales decepciones, lo hace deducir que lo mejor será sumergir su mente hervida en el gélido balde de la estúpida realidad.

Rebasa una veintena de noticias policiales, saltea quince informes políticos y empresariales. Elude temas ecológicos, lo aburren mucho, tanto o más que lo concerniente a noticias del ámbito financiero. Encuentra una primicia que le parece interesante, la toca y abre con dedos índice y pulgar. Lee el texto holográfico tridimensional desplegado ante sus ojos.

«Un virus cuya procedencia aún nadie comprende, se expande muy rápido entre los centros de atención médica de Stormport. Residentes de Baybeach, así como turistas, acuden a los nosocomios con claros síntomas de contagio».

A Rob le aburre, la abandona. Mueve la mano como si diera una cachetada, pasa la página del periódico virtual. Se siente un poco a gusto con el cigarro entre labios, sin clientes que molesten y las noticias delante. Y además le pagan. Lee un título al que pasa muy rápido, le genera un recuerdo ahora lejano. La noticia del virus lo ha dejado inquieto. Mira hacia su derecha, su mirada atraviesa el escaparate. Observa calles de West End, todo luce normal. Escucha en la lejanía alguna aeronave, eso es inusual pero no del todo inaudito. A veces dichas aeronaves sobrevuelan Stormport para pasear turistas o patrullar aguas costeras. Rob vuelve a enfocarse en la pantalla, no está de ánimo para aguantar cualquier noticia. No quiere pensar, es más feliz cuando no profundiza en nada.

Intenta no pensar ni en Brittany, ni en la prisión, ni en su traumática infancia. No piensa nada, así se siente más libre. Solo quiere hacer cosas que no den recuerdos. Continúa con la lectura. Con dedos pasa páginas virtuales, éstas muestran bombardeos de colores, imágenes de video, letras inquietas que pasan de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo unas tras otras. Muchas noticias están vinculadas al nuevo virus que preocupa a las autoridades. Al parecer, el brote ocurrió anoche en Baybeach, en consecuencia, están en riesgo cientos de vidas. No quiere leer nada de eso, saltea todo. Se detiene en una noticia que se actualiza justo frente a él en tiempo real; llama su atención. Deja de pasar páginas virtuales, lee la nota de prensa.

«Una joven sufrió ataques violentos de sus propios amigos en Baybeach. Al parecer, todos están infectados por un agente patológico desconocido. La mujer fue evacuada de la zona de exclusión gracias a sus padres. En entrevista exclusiva, los padres manifestaron que la joven es una de los miles de fanáticos de la famosa cantante de canciones que generan controversia. Dicha artista, de hecho, aún continúa desaparecida tras su intento de evacuación de Baybeach. Hace aproximadamente unas ocho horas estalló un brote repentino de un virus que, hasta el momento, resulta ser desconocido para médicos y científicos».

Rob resopla, pasa página, no quiere pensar, no se quiere involucrar. Sabe que probablemente la artista de la que habla el periódico es Brittany, no tiene dudas, pero no quiere saber de una preocupación así de grande. Prefiere seguir hacia la siguiente noticia.

«Un director del ayuntamiento de Stormport, propuso que se suministre morfina a los infectados que sean capturados dentro de la zona de exclusión. Esto, según él, sería como forma de combatir al incansable trabajo de campo que los científicos llevan a cabo para intentar identificar de qué virus se trata. Marc Peterson, por su lado, encargado de urbanismo en el núcleo financiero de Stormport, apoya lo que dijera el director antes mencionado. Explicó que la droga debe aplicarse como medicina, analizar posibles efectos, neutralizar en parte algunas de las fatales consecuencias».

Rob arquea las cejas, lee de nuevo por si acaso, luego lanza una carcajada que lo hace toser. Aún tiene humo de cigarro en los pulmones. No puede creer lo que lee. Bien conoce los efectos de esa droga y otras. Sacude la cabeza. Continúa con la siguiente noticia.

«Funcionarios de la gigantesca división UHR Fuels, decidieron mantener el bloqueo de un barco repleto de combustible anclado en aguas del Pacífico frente a Portown. La nave trae a tierra a miles de trabajadores de la compañía. Los que sostienen el bloqueo, argumentan que necesitan ámbitos de negociación que aseguren a quienes están en altamar un arribo libre de virus. Otras rutas marítimas desde las que se esperan arribos de cruceros, también están bloqueadas por misma medida. Dirigentes gubernamentales oficialistas debaten el modo de llegar a un acuerdo. La sindicalista Lid Allen, anunció que las medidas podrían agravarse si no hay una respuesta inmediata del gobierno en próximas horas».

Rob suspira. Trata de pasar rápido a otra noticia con la esperanza de que no incluya al virus como eje central. Encuentra otra, la lee.

«Experimentados médicos de un hospital ubicado en Stormport Medical Complex, simularon esta mañana el entierro del sistema de salud empleado hasta el momento, para combatir el desconocido virus que apareció en la pasada madrugada en Baybeach. Efectuaron una larga caminata por la calle sede del ayuntamiento, cargando un simbólico ataúd vacío que contaba con coronas fúnebres. El director del hospital, doctor Martin Patrick, explicó que de no adoptar una rápida medida de urgencia ante el virus desatado en las últimas horas en Baybeach, podría no quedar nadie con vida en cuestión de unas pocas semanas».

Rob mira de nuevo a través del escaparate. Ante tanta noticia fatalista, empieza a temer que los infectados lleguen a West End de un momento a otro. Durante un par de minutos analiza lo que tiene a la vista. Sólo ve transeúntes que aparentan estar muy sanos. El tránsito es el acostumbrado a esa hora del día en la zona. Rob se mantiene con la mirada perdida unos instantes. Al no avistar nada extraño regresa a las noticias del periódico, cambia el tipo de ámbito.

—¡Al fin deportes! —grita en voz alta; refriega palmas.

«El jugador Anthony Papa, estrella de Downtown Engineers, fue visitado en el hospital por su colega Eric Davis de los Midtown Arquitects. Davis, fracturó de forma involuntaria la tibia derecha de Papa, tras un choque en medio del partido por las finales de liga. Papa debió ser sometido de inmediato a cirugía. La estrella de los Downtown Engineers, aceptó las disculpas del jugador de los Midtown Arquitects. Los médicos iban a dar de alta a Papa, pero al parecer, un asintomático infectado de Baybeach estuvo cerca de la estrella de soccer. Éste se encuentra en observación, se retrasará su fecha de alta lo cual preocupa al entrenador».

—¡Noo! ¡Maldición! ¡Anthony infectado! No puede ser. Cualquiera menos él —se lamenta Rob. Con preocupación sigue adelante con otras noticias.

«Desde su sonado retiro el pasado año, la histórica supermodelo y actriz Casey Fox, originaria de Pearl Beach, que con noventa años residía actualmente en inmediaciones de Sunnybeach, al parecer fue víctima del desastre en Baybeach de la pasada madrugada. Testigos que vigilaban las cámaras de seguridad esa fatídica noche, aseguran que la señora Fox fue alcanzada por un niño pequeño, infectado, que la abrazó con miedo lanzándose sobre ella, tumbándola, dejándola indefensa ante decenas de otros infectados que la pisotearon. Hasta el momento, no se ha vuelto a saber nada más de su paradero ni el de sus restos».

Rob arquea las cejas. No tiene opinión formada acerca de esa actriz, tampoco le importa un bledo. Sigue con otras noticias que considere más importantes.

«La afamada escritora y guionista Bárbara Shoemaker, que pocas semanas antes había adquirido un castillo al sur de Baybeach por tres millones de eCoins, continúa en observación luego de haber sido evacuada de la zona de cuarentena establecida en Baybeach. Al adquirir el castillo, la artista de las letras aseguró que allí deseaba casarse y celebrar una fiesta al buen estilo medieval. Recordemos que la señora es madre de tres hijos. Aún se recomponía de su última relación turbulenta con el joven rapero Roy-Z. Antes del fatal incidente de la última madrugada, la escritora prometió presentar en público al nuevo príncipe azul».

Rob se enfada. Continúa leyendo noticias con esperanza de no cruzarse con nada que hable del virus. Encuentra algo prometedor.

«En ceremonia repleta de glamour, música y diversión, los UHR Music Awards otorgaron el premio al trío Exotic Covers. Su éxito comercial, Sarpullido de Alelí, es un insuperable éxito tecno-pop-salsa de toda la historia de la música, tanto en descargas como en ventas. Al recibir tal galardón, los meteóricos premiados cantaron la canción que los catapultara a la fama, así como también otras canciones muy exitosas. Engalanaron una noche única. Una gran ausente en esta ceremonia, la artista más exitosa de todos los tiempos, no fue invitada al evento por manifestarse claramente en contra de este tipo de premiaciones. Incluso compartió con sus fans, diversas imágenes donde se burlaba desenfadadamente del jurado y organización. Organizó en contraposición su propio megarecital, el cual compitió en rating contra UHR Music Awards y de hecho fue visto en tiempo real por más de once millones de usuarios, más las varias decenas de miles de personas que lo vieron en vivo».

—No puedo creerlo. Compitió dicen, UHR contra UHR y la madre que los parió —lanza Rob enfadado en voz alta.

Resignado a no encontrar nada que no hable del virus esa mañana, Rob se aburre, deja las noticias por ahora. Con un movimiento de manos intenta abrir una nota que se le hizo a Brittany cuando era adolescente, toca su imagen para abrir la nota pero esta no responde. Cuando Rob lo intenta de nuevo, se abre ante él un anuncio donde se le proyecta Ricky, bailando y riendo como tonto. Ricky lo mira a los ojos.

—¡¡Hola!! ¿Qué haces? ¿Aburrido? ¿¿Qué?? ¿No tienes subscripción premium en UHR Channel? Ah no, ¿qué esperas? Si te suscribes ahora, ¡seis meses gratis! ¿Te das cuenta de lo que te digo? ¡Seis meses gratis! Ven conmigo, suscríbete ya mismo y te muestro de inmediato lo que está haciendo Brittany Condon en este momento —Ricky se acerca a la cámara con rostro picaresco—. Creo que está en la ducha —susurra finalmente.

La sonrisa de Ricky se congela con esa ladina expresión en el rostro. Su dedo índice señala un botón rojo que flota a su derecha y reza: Suscribirme. Rob minimiza la pantalla holográfica con brusquedad.

—Gratis, sí, como no. Carísimo. Mentirosos de mierda, hijos de puta.

La mesa vuelve a quedar despejada de imágenes coloridas. Retorna la paz y silencio al Happy Drunk Liquor Store. Se incorpora de la banqueta, se despereza, bosteza y se rasca el chato trasero. Se encamina hacia el otro escaparate más alejado de su posición. A través del vidrio mira hacia fuera. No parece ser diferente a otra mañana cualquiera, observa las calles por un instante. Es temprano. Levanta la mirada, vuelve a quedar hipnotizado ante la holografía de Brittany Condon en el edificio de enfrente. Ella baila risueña, se contornea y revolea la sugerente falda corta. Rob se relame, la observa fijamente.

—No puedo creer que estés sin bragas, Brittany, ¿cómo te me vas a poner así? —susurra Rob dejándose llevar por el deseo, sin quitarle los ojos a la alegre bailarina.

Rob baja el cierre de su jean viejo, gastado, manotea dentro y extrae su miembro. Por un par de segundos quita sus ojos de Brittany para asegurarse de que nadie lo ve a través del escaparate sucio. Vuelve a enfocarse en Brittany y empieza a jalársela con satisfacción. Justo antes del precoz clímax, la puerta del Happy Drunk Liquor Store se abre con estrépito. Rob da un brinco hacia atrás, se sobresalta, guarda todo dentro del jean, lo cierra, pega la espalda al muro, espera lo peor. Alguien ingresa al local de forma brusca. Se trata de un hombre muy corpulento que entra con prisa. La puerta da un cimbronazo.