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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 1 / 22

Megashow

¿Quién es Brittany Condon? · Luis Aníbal Nez

Ilustración del capítulo 1: Megashow

Brittany Condon irrumpe en escena sin previo aviso.

Una multitud agolpada en el lugar estalla de júbilo. Miles de almas se encuentran desde hace más de veinticuatro horas en las cercanías de la lujosa costa de Baybeach, en Shoretown. En algún caso, la gente incluso ha llegado allí desde hace más tiempo. Intensos estallidos de coloridas luces, acompañados de estridentes bombardeos musicales, sacuden todo lo visible en un Baybeach invadido por el recital. Una calle se engalana de fiesta. La estridencia de las primeras notas musicales de una canción inunda el lugar con invisibles y artificiales melodías electrónicas.

Es pleno verano en Baybeach, lujoso barrio costero de Shoretown donde Brittany irrumpe con su acelerada música estridente. En medio de la algarabía de miles de personas presentes, una sonriente jovencita ingresa al escenario con un baile atrevido, sensual y sexy. No trae micrófonos en sus manos ni lo hay sobre el escenario, no es necesario. En cada oído lleva colocados imperceptibles auriculares que también son micrófonos. En un planeta Tierra asolado por catástrofes naturales, la alegre sonrisa de Brittany es replicada por una potente y nítida pantalla holográfica, enorme, la cual flota por encima del escenario. La chica baila sobre el escenario, su música hace bailar a miles de personas presentes y a millones que ven el recital desde casa o por otros medios.

Brittany no llega a pesar siquiera cincuenta kilos. Sus zapatos de tacones altos la hacen parecer más alta de lo que realmente es, pues ella odia quedar minúscula allí arriba. Sus piernas son largas, delgadas, ascienden hasta muslos fibrosos y caderas levemente anchas, cubiertas en este momento por una falda a cuadros negros y rojos de estilo escocés. Su fina cintura está desnuda hasta el busto. Una apretada camiseta de color negro apenas cubre sus senos, tanto desde arriba como abajo.

Por encima del majestuoso escenario, la gigantesca pantalla holográfica se puede ver a kilómetros de distancia, incluso desde otros distritos cercanos. La joven baila, sacude largos cabellos rubios pintados por mechones con diferentes colores que a ella le gustan. Sus movimientos al bailar son gráciles, elegantes, femeninos, delicados, hipnóticos. Luego de efectuar un rápido giro de cinco vueltas, Brittany se agacha y así se queda por un instante. La música se detiene junto con ella, las potentes luces se hacen más tenues. Dos bailarines holográficos se materializan a un lado y otro de ella. La melodía electrónica avanza de nuevo. A cada nuevo golpe de ritmo aparecen más bailarines.

Luego, rodeada de al menos una veintena de bailarines virtuales, Brittany baila al son de la música una coreografía que ella misma ha diseñado. Su público baila junto a ella. Algunas chicas tratan de seguir sus movimientos, otras hacen lo que pueden sin importarles nada. Algunos chicos se mueven también con el ritmo, mientras que otros observan a Brittany sin saber cómo reaccionar ante tal presencia. Hasta la gente que disfruta de la costa del antiguo Evergreen Fairways le da la espalda a la bahía para ver a Brittany. Los bailarines continúan con la coreografía, ella deja de bailar tras un ambicioso movimiento.

Un círculo de tonalidad fucsia, holográfico, se proyecta a la derecha de ella. La chica estira un brazo, sujeta esto y lo gira en sentido antihorario. Al girar el círculo holográfico la música no sólo se acelera, sino que además se engancha con otra canción. No disimula Brittany su felicidad al mezclar sus piezas musicales una tras otra pues ahora, podrá además comenzar a cantar. Así lo hace. Su melódica y fina voz suena por primera vez esa noche en el escenario. Esto es suficiente para enloquecer a los presentes. El público estalla en gritos que en ocasiones evocan su nombre, en otros casos tan sólo suenan alaridos de felicidad y emoción. La canción retoma el ritmo intenso y acelerado. Brittany no deja de cantar.

La coreografía es seguida sin cansancio por el cuerpo de baile holográfico. Ella, que no puede bailar cuando canta, va hasta el borde del escenario que se encuentra a tres metros de altura, respecto a los fans que vibran bajo sus pies. Entona e interpreta la letra de una osada canción demasiado sexual e intimidante. Hay gente que canta con ella o grita hasta quedarse sin voz. Chicas y chicos lloran sin consuelo al verla tan cerca, no logran contener ni detener los intensos llantos. Los temáticos colores de luces varían, siguen el ritmo de la música todo el tiempo. Cuando las tonadas se apagan, sólo queda la voz de Brittany.

Su voz envuelve a las personas cual canto de sirena. Sin embargo, cuando la estridente música se apaga para dar paso a su angelical voz ovacionada, envidiada e idolatrada, la chica alcanza a distinguir entre gritos de la gente algo que no se le pasa desapercibido. Alguien grita algo de un modo constante e intermitente. No se trata de un grito cualquiera y sin sentido. La llaman de un modo que reconoce pero que ya creía olvidado.

—¡Britu! ¡Britu! ¡Britu! ¡Te amo! ¡¡Aún te amooo!! —el repetido grito constante, aunque apagado, sólo podría pertenecer a una única persona que conoció en el pasado.

Nadie más la llamaría de ese modo, pero el hecho de que se trate de esa persona sería tan improbable como imposible.