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Luis Aníbal Nez
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Capítulo 9 / 9

Alarido

Dama sin rostro · Luis Aníbal Nez

El puente desaparece por completo.

Marie permanece junto al agua, mirando el espacio vacío donde antes se elevaba el arco de piedra. El humo cubre la colina y vuelve confuso el límite entre el cielo, los árboles y las llamas.

La mujer sin rostro continúa frente a ella.

—¿Dónde está Sunny? —pregunta Marie.

La figura no responde de inmediato.

—En la cabaña.

—¿Viva?

—Todavía.

Marie siente que algo dentro de ella se rompe.

—Déjame volver.

—Ya has vuelto.

—No.

Marie señala el lugar donde debería encontrarse el puente.

—Quiero regresar con mi hija.

La mujer inclina la cabeza.

—Eso dijiste la primera vez.

Marie retrocede.

—¿Quién eres?

—La que queda.

—¿Qué significa eso?

La mujer levanta una mano y señala el agua.

Marie baja la mirada.

El arroyo continúa corriendo con fuerza, pero su superficie se ha vuelto lisa, inmóvil, como una lámina de vidrio. En el reflejo no aparece la mujer que está frente a ella.

Aparece Marie.

Está de pie sobre el puente, vestida con el camisón blanco. Tiene el cabello pegado al rostro y el cuerpo cubierto de barro. La imagen parece corresponder a la primera noche, cuando la mujer inmóvil permanecía en el centro del arco.

Marie se acerca al agua.

Su reflejo levanta la cabeza.

No tiene rostro.

Marie se lleva una mano a la cara. Sus ojos, su boca y su nariz continúan allí. Puede sentirlos. Sin embargo, cuando vuelve a mirar el arroyo, la imagen sigue siendo la de una mujer vacía.

—No —susurra.

—El puente no lleva a otro lugar —dice la mujer—. Lleva a lo que eres cuando ya no puedes regresar.

Marie vuelve la mirada hacia ella.

—Yo no soy tú.

—Aún no.

La mujer se aparta lentamente. Detrás de su cuerpo, el humo comienza a dispersarse. La cabaña en llamas desaparece. En su lugar surge la terraza de la primera cabaña, iluminada por una luz gris de madrugada.

Marie distingue a Joseph junto a la baranda.

Está de espaldas, mirando hacia el arroyo.

Sunny permanece detrás de una ventana, con el móvil entre las manos.

La escena no parece una imagen del pasado. Todo ocurre en ese mismo instante, al otro lado de una distancia imposible.

Joseph se vuelve hacia la terraza.

Marie escucha su voz, aunque los separan el agua, los árboles y el humo.

—Marie.

Ella intenta responder, pero no consigue emitir ningún sonido.

Joseph continúa mirando hacia la otra orilla. No puede verla.

Una figura aparece en el centro del puente que ya no existe.

Es la mujer del camisón blanco.

La mujer sin rostro levanta una mano y señala hacia la cabaña.

Marie comprende.

Eso fue lo que vio Joseph. Eso fue lo que vio ella misma durante la primera noche. La mujer nunca había estado allí para observar la otra cabaña. Había estado esperando a que Marie llegara hasta ella.

—No quiero convertirme en ti —dice.

La mujer la mira con la superficie lisa de su rostro.

—Ya lo eres.

Marie piensa en Sunny. En su cuerpo inmóvil sobre la cama. En la libreta. En las palabras que había leído demasiado tarde. Luego mira hacia la cabaña reflejada en el agua.

Sunny levanta la cabeza. Por un instante, Marie cree que su hija puede verla. La adolescente se acerca al vidrio y apoya una mano contra él. Marie hace lo mismo sobre la superficie del arroyo.

El agua está helada.

Al tocarla, siente que el rostro se le adormece. Primero desaparece la sensibilidad en los labios. Después, en la nariz y en los párpados. Trata de retirar la mano, pero el agua la retiene.

La mujer sin rostro extiende los brazos. Marie intenta gritar el nombre de Sunny. No logra hacerlo, ya no tiene boca. Su rostro comienza a desintegrarse. La piel se alisa. Las facciones se hunden hasta desaparecer. El dolor no es físico: es la sensación de perder, una por una, las señales que le permitían reconocerse.

Marie contempla su reflejo por última vez. Ya no sabe si la mujer que ve en el agua es ella o la figura que la esperaba junto al puente.

Al otro lado, Sunny retira la mano del vidrio. La cabaña vuelve a quedar vacía. El humo se disuelve. El arroyo recupera su movimiento y el puente aparece otra vez bajo la luz incierta de la madrugada.

Marie permanece de pie en el centro del arco. Lleva un camisón blanco, largo y empapado. El cabello le cubre parte de la cabeza. Su cuerpo permanece inmóvil mientras observa la cabaña desde la distancia.

Joseph sale a la terraza. Marie levanta una mano. Él no puede verla.

Entonces, desde el interior de la cabaña, se escucha el alarido de una mujer. Los ecos se multiplican y golpean las laderas, recorriendo el valle de una colina a otra.

La dama sin rostro permanece en el puente.

Esperando.

FIN

La historia termina aquí. La conversación no tiene por qué hacerlo.

¿Qué te dejó esta historia?

¿Qué crees que revelan la cabaña idéntica y el alarido sobre el lugar al que Marie ha llevado a su familia?

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